viernes, 14 de octubre de 2011

GOZANTES

Vuestra desgracia no estriba en comparecer indigentes y reflexivos, 
sino en el hecho de que jamás os libraréis de semejante destino.

LA FEA BURGUESÍA


Los indignados ya preparan otra manifestación exigiendo que se ponga fin a la pérdida de derechos. Quieren atar corto a los poderes financieros y a la clase política. Tratan de conseguir un cambio global. Que Dios les ayude.


Hace ya algún tiempo que me he rendido a la evidencia: En el mundo hay sencillamente una casta gobernante y una casta obediente, una casta gozante y una casta sufriente.



domingo, 9 de octubre de 2011

PÉREZ REVERTE

Me parece un autor tan insignificante que ni siquiera lo he leído
JUAN DE MAIRENA


Con la cita del apócrifo profesor de retórica y sofística, quisiera aclarar dos cuestiones previas. Una, que no he tenido el gusto de leer novela alguna de don Arturo. Y dos, que no debo opinar sobre sus méritos literarios. La frase de don Antonio viene a decirnos, más o menos, eso.



Lo que me ocurre con este señor, es que se ha convertido en una pesadilla para mi correo electrónico.  Mis amigos ultraconservadores - que los tengo y les quiero mucho- se han empeñado en convertirme en uno más de sus muchos lectores. Así, semana tras semana, me martillean mandándome vía ordenador  los artículos que más les emocionan.

Estoy seguro que no es éste el propósito del escritor,  pero esos amigos míos ultraconservadores  lo han designado como su abanderado y se han erigido en esparcidores de sus escritos más contundentes: Pajín no sabe distinguir un condón de un aborto; Moratinos se fue como un perfecto mierda; Zapatero es un político analfabeto que no ha leído un libro en su vida; Maldita sea su estampa…  


Lo último que me han enviado por vía hertziana es una especie de carta abierta que le escribe al  imbécil  de Zapatero: Ya le llamé imbécil en esta misma página, escribe el cartagenero.
En esta carta, el vocabulario que emplea don Arturo para calificar a los ministros y ministras parece que les jalea de una manera especial  y, entusiasmados, me mandan el artículo todos a la  vez:  una pandilla de irresponsables de ambos sexos: demagogos, cantamañanas y frívolas tontas del culo que, como usted mismo, no leyeron un libro jamás. Eso, cuando no sinvergüenzas…

No entro ni salgo en la oportunidad de la carta, ni en el tono empleado, y menos aún en el fondo de su crítica. Allá cada cual con sus respetabilísimas opiniones. Pero, por caridad, que alguien le aclare a mis amigos ultraconservadores que don Arturo es un escritor de éxito, con sillón propio en la Academia de la Lengua y llamado a ocupaciones más importantes que visitar ordenadores de la mano de esta pandilla de patriotas. No debe este señor quedar para eso ni mi ordenador echar humo cada vez que su pluma reflexiona.

De seguir así, no voy a tener más remedio que echarme al coleto alguno de sus libros, aunque solo sea para hacer algo que mis amigos ultraconservadores no han hecho todavía.




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lunes, 3 de octubre de 2011

JULIO ALEJANDRO

Por Julio, lo que haga falta
RAFAEL  AZCONA


Uno de los placeres que me permito cada domingo es leer a Manuel Vicent en El País. Gracias a él descubrí hace unos años a Julio Alejandro.

 
Resultó ser todo un personaje: nacido en Huesca en 1906. Alumno de Ortega y  Dámaso Alonso. Compañero de Luis Rosales. Marchó a México para  estar seis meses y se quedó allí treinta y cinco años. Fue guionista de Luis Buñuel en títulos como Viridiana o Tristana. Escribió más de cien guiones y fue premiado con dos Arieles, los Goyas mexicanos. Fue, además,  poeta; autor teatral; marino; aventurero -estuvo en cuatro guerras- y cocinero. Dicen de él sus amigos que tuvo una vida de cine.


En 1983 regresó a España, se instaló frente al mar de Jávea y tras 12 años mirándolo entonó su adiós a la vida.

Julio Alejandro se consideraba, ante todo, poeta: «Soy poeta; después, escritor de teatro; después, escritor de cine; después, escritor para televisión, y después, nada...». 
Entre sus primeras obras figura un libro de versos, La voz apasionada. El prólogo era nada menos que de Antonio Machado. Se lo prologó con un poema: …Con el milagro de tu verso /  he visto mi infancia marinera. / Que yo también de niño / ser quería pastor de olas / capitán de estrellas…

Tras tanto indagar sobre Julio Alejandro ya solo me faltaba leerlo, y me hice con cuatro de sus libros: La llama fría; La casa sin música; Días de otoño y, lo que para muchos es su obra maestra, Breviario de los chilindrones.


Este Breviario de los chilindrones es una joya. No espere nadie encontrarse, tan solo, con un libro de cocina. El vocabulario que emplea, los recuerdos y anécdotas que relata lo hacen único. Es de esos libros en donde las digresiones se convierten en el relato principal.

Entre plato y plato te regala una perla así de brillante: En el día de mi tránsito, por la abierta ventana, quisiera mirar unas ramas de árbol movidas por el viento, y más lejos, el mar.

O esta otra:
   
-Conocí a un hombre al que sus hijos aplaudían cada mañana.

                                              ***                          

N.B.  Escribió con Buñuel "Abismos de pasión", la mejor (y más desaforada y más desgarrada y más desmedida) adaptación de "Cumbres borrascosas" que se haya rodado nunca. Verdadero "amour fou". (Daniel Domínguez)

martes, 27 de septiembre de 2011

CUMPLEAÑOS


El pasado jueves fue su cumpleaños. Jugó su habitual partido de tenis y el muy iluso soñó que se sentía como en sus años mozos y que salía de la pista sin que le doliera ninguna parte del cuerpo. 
Le regalaron vino, zapatillas de pádel, un frasco de perfume y ningún libro.  Sus amigos le vitorearon en la barra de El Pasaje: ¡Viva el que gasta! Y remató el día  viendo –por enésima vez- la película Dos en la carretera.

 
 
Desde hace algún tiempo, cada 22 de septiembre, relee el mismo poema: Hay una línea de Verlaine que no volveré a recordar. / Hay una calle próxima que está vedada a mis pasos, / Hay un espejo que me ha visto por última vez, / Hay una puerta que he cerrado hasta el fin del mundo. / Entre los libros de mi biblioteca (estoy viéndolos) / Hay alguno que ya nunca abriré. / Este verano cumpliré cincuenta años; / La muerte me desgasta, incesante.

Ha cumplido sesenta y tres primaveras. Sabe de sobra que la vida va en serio y también sabe que la mejor manera de resistir el chaparrón es frecuentar bares rodeado de  amigos, jugar con la pelotita y embarcarse en cosas inútiles -Bobo que lo útil busca / Y no ve que la vida / Por tal motivo se hace más inútil-.

 Por muchos años y que todos lo veamos.







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jueves, 22 de septiembre de 2011

PÁLPITOS

                                                                                               A Pepe Fuentes 



Mis pálpitos gozan de gran prestigio entre mis amigos. Difícilmente me equivoco cuando tengo una visión sobre acontecimientos futuros. Así,  supe con antelación que un negro –con perdón- sería presidente de los EE.UU. También anduve fino cuando me barrunté lo de la caída del muro de Berlín. Y para qué decirles que la crisis, la famosa crisis, la vi venir mucho antes de que estallara. 

El último pálpito lo he tenido mientras paseaba por la Glorieta murciana y volvía a leer la pancarta que cuelga del balcón del Ayuntamiento: “AGUA PARA TODOS”. Por un momento he visto  –con los ojos cerrados-  ese balcón ya sin la pancarta.  La retiraban unos concejales y la hacían desaparecer. El balcón después de tantísimos años volvía a lucir desnudo.

Cuando he contado en la tertulia mi percepción extrasensorial, me han quitado todo mérito. Me dicen  que la retirada de la pancarta después de las elecciones generales está cantada. La retirarán, sencillamente, por una cuestión de ingeniería política.

Verás Manri: El próximo  Presidente de Gobierno, me explican,  será del mismo partido político que los que rigen ahora el Ayuntamiento murciano,  y  por mucho que le recordemos  lo de “AGUA PARA TODOS”, el flamante Presidente tampoco nos la traerá, no lo dejarán los suyos de allá. Es un problema territorial, sencillamente. Seguiremos sin trasvase del Ebro y esa pancarta tan simpática empezará a resultar incómoda a los mismos que la colocaron y la guardarán bajo llave para mejor ocasión. 

Claro como el agua, esa que nunca veremos por aquí.


miércoles, 14 de septiembre de 2011

LA CONVERSACIÓN

Vi esta película, dirigida por Coppola,  allá por los años setenta. En el  Cine Coy,  al entrar a la derecha. No sé por qué, pero en unos cines mi novia y yo nos sentábamos  siempre a la derecha  -Rex, Coy, Coliseum-  y en otros a la izquierda –Cinema Iniesta, Gran vía,  Teatro Circo Villar-. Sin motivo aparente, pero era así.



Hay una secuencia que me atrapó de tal forma que no he podido olvidarla desde entonces.  En un parque, una pareja está paseando y ven a un vagabundo tumbado sobre un banco. La chica -Cindy Williams- lo mira con tristeza y dice: Cuando veo a uno de esos pobres viejos, siempre pienso lo mismo: pienso que una vez fue un niño pequeño y que tendría un padre y una madre que le querían mucho y ahora míralo, derrumbado en un banco callejero, dónde están ahora su padre, su madre, su familia. No sé por qué siempre lo pienso.


Con el tiempo cayó en mis manos un libro de poemas de Charles Bukowski. Uno de esos poemas se titula “Pensión de mala muerte”: y esos / cuerpos /  en la oscuridad  / gordos y / flacos / y / encorvados / unos / sin piernas / sin brazos / […] / todos esos hombres / fueron / niños / una vez / ¿qué / les / ha pasado?

Volvía a toparme con la misma pregunta. Y con esa reflexión he vivido los últimos cuarenta años. No me la quito de la cabeza.

Desde aquella tarde en el Cine Coy,  cada vez que veo esa escena en la vida real, cada vez que me tropiezo con un indigente tumbado en un banco, recuerdo aquella película,  recuerdo aquel poema, y de paso  –no lo puedo evitar-  me fijo si luce abundante cabellera. Ustedes me entienden.
 

http://www.youtube.com/watch?v=5z8EOHi-nKM






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miércoles, 7 de septiembre de 2011

ROMEO Y JULIETA


¿Quién es aquella dama que enriquece la mano de aquél galán?
W.S.



Me lo temía, este verano mi nieta mayor se ha enamorado. Desconozco aún si se trata de un simple amor de verano o de algo más serio. Pero que Elena y Javier están colados no hay quien lo dude. Basta con ver las fotografías y observar esas miradas, esas caritas arrobadas reservadas únicamente a los enamorados.



En no pocas ocasiones les he sorprendido cogiditos de la mano e incluso besándose. Espero y deseo que no hayan pasado a mayores. Yo les digo que no tengan prisa, que son muy jóvenes y que  tienen todo el tiempo por delante. Me miran y se ríen.


Les he colocado ante el televisor a que vieran al Papa en Madrid y escucharan su mensaje de castidad. Ni por esas, ellos siguen dándose el pico como dos pajaricos.   

Esto es amor, quien lo probó lo sabe.


                                                                       (A Conchita y Santiago)

                                                           Fotografías: Carlos Barrenechea




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jueves, 1 de septiembre de 2011

CUALQUIER OTRO DÍA

La principal diferencia entre los hombres y los dioses es que los
dioses no creen que pueden convertirse en hombres.

DENNIS LEHANE



En este entretenimiento de leer libros el que más y el que menos tiene sus manías y sus hábitos.
Conozco gente que solo lee en verano. Se pasan el día leyendo como posesos, libro tras libro, andan todo el día ensimismados pasando páginas y en cuanto asoma el otoño se despiden de ellos hasta la temporada próxima. A más ver.

Entre mis estrategias lectoras, el verano también adquiere su protagonismo: me gusta  abordar los tochos cuando estoy en la playa. Así, Guerra y Paz, La Montaña Mágica, Vida y Destino, Moby Dick… los he engullido entre baño y baño. 

Y ya he llegado a donde quería llegar: este verano uno de mis hijos me obsequió con un tochito –Para mi padre, a quien debo el disfrute de libros como éste. De tu hijo que te quiere, Manrique- de 728 páginas. Su título es el que he robado para esta entrada, Cualquier otro día. Su autor, Dennis Lehane, es autor, entre otras, de Mystic River, aquella historia que llevó al cine Clint Eastwood.



Les ahorraré una crítica al uso. No está entre mis virtudes desgranar un libro y pontificar sobre su calidad. Ni siquiera les diré que retrata impecablemente la América de principios de siglo XX, con sus problemas raciales, el fin de la hegemonía irlandesa, el terrorismo anarquista y el auge del movimiento sindical.


Lo que sí me atrevo a decirles es que se trata de uno de esos libros que caen en tus manos cada diez años. Lo lees a horas y a deshoras, te levantas de madrugada para seguir leyéndolo y se lo recomiendas a todo bicho viviente. Una joya.

Los diálogos parecen sacados de una película de cine negro y raro ha sido el capítulo en  donde no he encontrado una perla para mi florilegio: 

El verdadero precio de tener una familia es no poder evitar el dolor de los seres queridos.







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viernes, 27 de mayo de 2011

lunes, 23 de mayo de 2011

CALVOS


Nunca he compartido esas opiniones tan rotundas sobre la relación entre los rasgos de personalidad de un individuo y su fisonomía, su nacionalidad o el color de su piel. 

Los gordos no tienen por qué ser más risueños y optimistas que los cenceños, ni los españoles  somos necesariamente más envidiosos que los franceses. La tacañería achacada a los catalanes siempre me ha parecido una forma encubierta de envidia por ser los más europeos de todos nosotros. 
Pero les voy a contar lo que le escuché decir a un calvo, a un ilustre calvo,  sobre los calvos y que ha tirado por tierra mi incredulidad en estos asuntos.
 
El colofón de mi carrera baloncestística fue entrenar al Júver - recuerden, aquel equipo donde descubrí el vértigo del baloncesto profesional-. Fui su primer entrenador y después de mí vinieron por aquí otros muchos técnicos de más categoría: Felipe Coello, Moncho Monsalve... uno de ellos fue Ari Vidal, el famoso entrenador de la selección brasileña de baloncesto.
 
Ari Vidal, que es calvo como una bola de billar, estaba en los vestuarios del Club de Tenis aguantando las bromas de los amigos acerca de su despoblada cabellera. Sin apenas inmutarse, hizo este comentario en voz alta: Reíros, reíros de los calvos, pero decidme si alguna vez habéis visto a un calvo pidiendo.


Hasta ese momento, de los calvos había oído que eran más viriles que los melenudos por aquello de que el exceso de testosterona provocaba la caída del pelo, pero eso de que nunca tendría que darle unas monedas a ninguno de ellos, eso, he de reconocer que ni lo imaginaba.

Desde entonces no hay indigente que me tropiece al que no le mire  la cabeza. Juro por mi nietos que jamás, jamás, he visto a un calvo pidiendo.








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martes, 17 de mayo de 2011

BALONCESTO

A mis hermanos Pepe, Eduardo, Juan y Miguel


Hace ya muchos años que no veo un partido de baloncesto. Ya no conozco ni siquiera las reglas. Desconozco también si aún existe el mítico Juventud de Badalona y no soy capaz de nombrar ni a un par de jugadores de la Selección Española.

Sin embargo he de decirles que si alguna vez se escribiera mi biografía –Dios no lo quiera- el baloncesto ocuparía no pocos capítulos de ese libro.

Con apenas doce años ya jugaba en el equipo del instituto. Era la única actividad que me proporcionaba prestigio ante mis compañeros de pupitre -recuerden aquello de enchufao, enchufao- . Con el balón en las manos me sentía muy superior a todos ellos.


Con mi número 5 en la camiseta ya no dejé de jugar hasta bien entrado en la treintena. Real Murcia, Jairis, Licor 43… toda mi juventud jugando por media España, aprendiendo a ganar y a perder. Y aprendiendo a ganarme el respeto de mis rivales y compartiendo gratísimos momentos con mis hermanos y con amigos: Pepe Fuentes -casi otro hermano-; Cecilio; Mariano Baquero; Gregorio Serna; Pedro Ruiz; Vicente Serna; Paco Espinosa; Fausto; Cervantes; Randy ...




Una vez retirado como jugador, continué ligado al baloncesto como entrenador. Marché a Barcelona con mis profesores Díaz Miguel, Aíto G. Reneses y Moncho Monsalve. Obtuve el título de Entrenador Nacional. Entrené, entre otros,  al Real Murcia, al Basket Murcia y finalmente al Júver, equipo donde supe lo que era el vértigo del basket profesional y lo poco preparado que estaba para salir airoso.


 Era el deporte que practicábamos casi todos los hermanos. Recuerdo un torneo en las fiestas de Águilas donde el equipo de Murcia lo formábamos cinco hermanos: José Cos, Eduardo Cos, Manrique Cos, Juan Cos y Miguel Cos.  ¿Se imaginan? Cinco hermanos en una cancha jugando en el mismo equipo, y encima ganamos el torneo. No digo que sea un asunto para el Guinness pero poco le faltará.


En casa, cuando nuestros padres se ausentaban, transformábamos en apenas unos segundos la habitación donde estudiábamos –una auténtica aula- en una cancha de baloncesto. Nunca, nunca, lo he pasado mejor que jugando esos partidos caseros con mis hermanos. Bueno, con mis hermanos es que lo he pasado muy bien siempre, haciendo deporte,  leyendo tebeos o saliendo de madrugada con nuestro padre a lo alto de un monte, daba igual lo que hiciésemos.     

Al baloncesto le debo gran parte de mi felicidad en mis años mozos y que mi autoestima se codeara con las nubes. Le debo un estilo de vida que aún conservo y  es también el responsable de que mis hermanos sean, además, mis mejores amigos. 

El haberlo arrinconado ahora no es más que otro síntoma de que mi cuerpo se va poniendo en ridículo, vamos, que me hago viejo.







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lunes, 9 de mayo de 2011

AHORRANDO TE ARRUINAS

"Yo para dar, he sido siempre un ignorante".
POLO DE MEDINA


“Manrique, no seas nunca tacaño. Todos los vicios van desapareciendo con la edad menos ese, que va en aumento”. Este consejo me lo dio hace unos días mi primer maestro, don Salvador,  ya casi centenario, mientras me contaba unos problemas que tenía con su comunidad de vecinos. Seguía siendo mi maestro y me estaba dando un último consejo.
Como don Salvador, yo también he tratado de que mis alumnos le dieran al dinero su justo valor. Ya os he comentado que en las paredes de mi clase colgaban enmarcadas unas "frases de oro" que utilizaba para mejor educar a mis alumnos y allí se podía leer: El dinero no puede dar una alegría, / solo brinda satisfacciones (Luis Rosales). O este medio verso del primer soneto de Shakespeare, Ahorrando te arruinas.
                                                                                


La guasa siempre está presente en nuestras juergas geriátricas, y cuando alguno de nosotros paga una cuenta en el bar lo celebramos gritando como en La Bohème: ¡Viva el que gasta! ¡Viva el que gasta! También aquello del Ulises: Paga y pon buena cara. Pero ninguna frase puede compararse en gracia y talento a la que utiliza un parroquiano de un modesto y familiar bar en La Alberca cuando alguien lo libera de pagar: ¡Ileso, salgo ileso!




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lunes, 2 de mayo de 2011

NIETOS

Abuelo, te quiero hasta el infinito y más allá
MANRIQUICO 


He de reconocer que  la vida me está tratando con mucha delicadeza. Con frecuencia me ha regalado algún que otro tesoro que he atrapado y  guardado celosamente en mi memoria. Procuraré ponerme lo menos cursi posible y procuraré, también, no creerme el hombre más feliz de la tierra, como hiciera aquel desdichado rey de Lidia.




El último detalle con que me ha obsequiado ha sido regalarme dos nietecicas gemelas, Manuela y Gloria. Dos bombonazos tan guapas y saladas como su madre, que es una andaluza de bandera. Verlas paseando en su cochecito doble es una gozada y les aseguro que no es pasión de abuelo.




En un solo año he pasado de ser abuelo de un único nieto a reunir un racimo de cinco nietecicos:  Manrique, Elena, Pilar, Manuela y Gloria. ¡Cuatro nietas en un año!  Permítanme  que tenga cierto vértigo y ganas de contarlo aunque roce la cursilería.





 Unos versos de Omar Khayyám nos advierten de que  En nada somos semejantes a las plantas que retoñan luego de podadas. Cuando él lo dice será verdad, pero con la llegada de mis nietos tengo precisamente esa sensación, la de andar por ahí con unas  hojas verdes brotándome de las orejas, de la nariz y de las yemas de los dedos. Parezco doña Hortaliza con alma,  aquella dama de las Academias del Jardín que siempre vestía de verde.





Mis nietos me hacen reverdecer como lo hace mi olma cada primavera y me hacen sentir la savia circulando por todo mi cuerpo. Hacen conmigo lo que la primavera hace con los cerezos. Ese poder tienen.



De vez en cuando la vida nos besa en la boca, esa caricia siento cada vez que los tengo cerca, que la vida, la dulcísima vida de la que habla Homero, me besa amorosamente.






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lunes, 25 de abril de 2011

AUREA DICTA

Frases de oro, así llamaban los clásicos latinos a sus dichos y proverbios de categoría. Yo, que por desgracia no soy un clásico latino, colecciono mis particulares frases de oro, mi guirnalda de flores. Son frases que entresaco de mis lecturas -no de manuales de citas- y que tal vez por eso a otro lector le puedan parecer, acaso, de hojalata.



Hay lectores para los que trazar una línea en un libro es mancillar su honor y otros a los que nos gusta leer con un cabo de lápiz entre los dedos y subrayar todo aquello que nos llama la atención. Después, casi todo lo rayado, irá a parar a un florilegio donde reposará en muy buena compañía a la espera de ser rescatado con cualquier excusa.



Ya he comentado en alguna ocasión que las paredes de mi aula estaban decoradas con estas frases enmarcadas. Frases que yo utilizaba en la tarea de hacer mejores personas a mis alumnos, educándolos en la tolerancia, el respeto, el interés por la lectura y en todas esas cuestiones esenciales en la formación de cualquier mozo.

Así, en esas paredes podías leer sentencias y versos de Cicerón, Machado, Isack Dinesen, Camus, Quevedo, Whitman, John Donne o de Rabelais: A Dios le gustan las bromas; La autoridad de aquellos que se dedican a enseñar es a menudo un obstáculo para los que desean aprender;  La violencia es la forma más perezosa de resolver un conflicto; A veces uno se cree incompleto y es solamente joven;  Hacer sufrir es la peor forma de equivocarse; El dinero no puede dar una alegría, solo brinda satisfacciones...

Estas frases doradas formaban nuestra geografía, nuestro paisaje dentro del aula, y he de confesar que las mayores satisfacciones que me han regalado mis alumnos han estado íntimamente ligadas a ellas.

Hace un rato, con mi cada vez más diminuto cabo de lápiz,  he subrayado una frase escrita por Kafka en su cuento La condena : Mil amigos no sustituyen a mi padre.



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domingo, 17 de abril de 2011

23 DE ABRIL, DÍA DEL LIBRO



                      "Todo el mundo me dice que tengo que hacer
                         ejercicio. Que es bueno para mi salud. Pero 
                         nunca he escuchado a nadie que le diga a un 
                         deportista: tienes que leer"
                   .                                                        J.Saramago



CONFIDENCIA, LIGERAMENTE MANIPULADA, DE  J.L.BORGES

Quiero hacerles una confidencia a cada uno de ustedes; no a todos, pero sí a cada uno, porque todos es una abstracción y cada uno es verdadero.

Yo sigo jugando a no ser ciego, yo sigo comprando libros; yo sigo llenando mi casa de libros. Siento su presencia en mi casa, la siento como una suerte de felicidad. Ahí están miles de volúmenes con letras que no puedo leer, con los mapas y grabados que no puedo ver; y sin embargo, los libros están ahí. Siento como una gravitación amistosa del libro.

Pienso que el libro es una de las posibilidades de felicidad que tenemos los hombres.

Eso es lo que quería decirles hoy. J.L.B. 1978

23 de abril, día del libro.






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lunes, 11 de abril de 2011

¿QUIÉN ES EL REY?

... es más que un rey, pues más que un rey es ser
    un hombre enamorado.
      F. BRINES

                                                                A Daniel Martínez Chicheri

 

¿Que quién es el rey? la pregunta es fácil de responder. Sin lugar a dudas el rey es ese plebeyo, ese villano con cara de bobo que está sentado junto a dos de sus nietos y con una copa de vermut de Reus en la mano.

No era su intención ser descortés con el señor de la corbata de color naranja. Sabía que por esas fechas se colaba en las reuniones familiares para desearles lo mejor para el próximo año, pero le pilló con una de sus nietas en el regazo y su celoso nieto reclamando su atención. No había color. Nada tiene que ver con su desplante que el plebeyo del vermut hubiera nacido en San Antolín (Los del Barrio, liberales, / los de San Antón, facciosos, / y los de San Antolín, / republicanos hermosos) y mucho menos que se casara precisamente un 14 de abril. Le daban la espalda, sencilla y llanamente, porque no se dieron cuenta de su presencia. Nada más.

14 de abril, día de la República.










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martes, 5 de abril de 2011

RATICA


Bing Crosby eligió su hierro cinco, se situó frente a su pequeña bola blanca y se despidió de este mundo dando un magnífico golpe en el hoyo 18 del Club de Golf de La Moraleja. Hay que reconocer que no es una mala forma de marcharse con la mayoría.



Lo trasladaron al Hospital de la Cruz Roja de Madrid que vio alterada su rutina con la aparición de cámaras, fotógrafos y periodistas.
Sus abogados americanos se pusieron en contacto con el gerente del hospital para que agilizara los trámites y repatriar el cadáver lo antes posible. Surgió entonces un contratiempo, un pequeño problema: el médico de guardia se negaba a firmar el certificado de defunción. Le hicieron ver que con su actitud retrasaba la recuperación de la tranquilidad del hospital. No hubo manera de convencerle. Le preguntaban el motivo de su negativa y el doctor no soltaba prenda.




Ya en su casa el médico de guardia se sirvió una ginebra y arrellanado en su sillón comenzó a recordar un suceso ocurrido en su infancia.

Su padre era el médico de un próspero pueblo vinícola. Un médico tan respetado por sus vecinos que incluso una céntrica calle del pueblo quedó bautizada con su nombre.
Allí vivía también una familia conocida como "los ratas" que tenían una niña pequeña postrada en cama.  Una vez al mes acudían a la farmacia y retiraban una pócima que preparaba el boticario para aliviar los dolores de la enferma.

Uno de esos días se acercaron a la farmacia y pidieron como siempre "la medicina de la ratica". El boticario estaba ausente en ese momento y le atendió un recién contratado mancebo que al oír lo de la ratica le despachó un raticida.

Al poco tiempo la niña murió. El médico del pueblo presionado por el boticario y por la propia familia de los ratas -a los que la autopsia les parecía una profanación-, firmó el certificado de defunción explicando aquella muerte como una consecuencia lógica de la enfermedad que padecía y silenciando el asunto del raticida.

Un prestigioso abogado presionó a los padres para que denunciaran los hechos y obtener así una cuantiosa indemnización. Ya sabemos que el dinero es muy amable y los ratas sucumbieron a su encanto. Se desenterró a la niña, se le practicó la autopsia y se supo la verdad. Las consecuencias para el médico del pueblo son fáciles de imaginar.

El médico de guardia del Hospital de la Cruz Roja de Madrid entre trago y trago de Martin Miller's  pensaba en su padre, en la ratica, en Bing Crosby... y en sus abogados americanos.