domingo, 2 de diciembre de 2012

ARROZ AL HORNO



El arroz al horno es entre los mil platos de arroz el que más hondo y más lejos me lleva.
De hecho es el que más me gusta, el que mejor me sienta.

MANUEL VICENT. Comer y beber a mi manera
           
                                                                                A Mariano Sanz

Mariano Sanz ha dejado escrito que le sonrió la fortuna cuando conoció a los hermanos Cos. En nombre de los cinco hermanos quiero dejar también escrito que la fortuna es nuestra por contar con su amistad.

Pues bien, mi amigo Mariano me anima desde su blog -Desde el Asilo- a que escriba una descripción pormenorizada de un exquisito plato valenciano: el arroz al horno.

Con lo que no cuenta el amigo Mariano es con mis temidas digresiones. La receta es importante pero todos los arroces tienen su literatura. Empecemos por el principio.

Mis padres, de recién casados, se instalaron en Játiva -el pueblo valenciano cuna de los Borgia- y allí nacieron mis hermanos Juana, Merche, Ana, Pepe y Eduardo. En tierras valencianas vivían mis tíos y siguen mis primos los Tejada, entre ellos mi muy querido tocayo Manrique Tejada. No es de extrañar pues que la cultura valenciana estuviese siempre  presente en mi familia y que hayamos comido más arroces que los chinos.

Antiguamente en Valencia la comida de los domingos no era la paella sino el puchero. La paella tenía sus días señalados: la de Año nuevo, la de San José, la de Pascua de Resurrección, la de San Vicente Ferrer, la del Corpus, y así hasta el otoño en que se dejaba de hacer paellas. La comida dominguera familiar era el puchero, un plato muy parecido al cocido madrileño. 

Al día siguiente, los lunes, utilizando los garbanzos y el caldo del cocido del día anterior, se preparaba el arroz al horno. De ahí uno de sus muchos nombres: arroz del lunes –arròs del dilluns- por prepararlo ese día. O arroz del holgazán –arròs de malfaener-, porque ya estaba medio hecho. También recibe el nombre de arroz paseado –arròs passejat-, porque se paseaba por la calle a la hora de llevarlo y traerlo del horno. La guasa valenciana es mucha guasa.

Antes de pasar a la acción les diré que la receta de mi madre se desmarca de la tradicional y prescinde de la patata, el chorizo, las rodajas de tomate y los ajos.



INGREDIENTES PARA SEIS  PERSONAS

- 3 vasos de arroz.
- ½ kg de garbanzos (En remojo desde la noche anterior).
- 1 muslo y contramuslo de pollo.
- 1/4 de morcillo de ternera.
- 1 tira de tocino fresco.
- 6 morcillas.
- 1 zanahoria.
- 1/2 tomate.
- 1 puerro o 1/2 cebolla.
- 1 casco de cebolla.
- 1 taza de aceite virgen extra.
- ½ cucharilla de pimentón.
- Colorante.
- Sal.

ELABORACIÓN

- Cocinamos el caldo (Pollo, morcillo, tocino,verduras, garbanzos y colorante).


- Reservamos los garbanzos, el tocino y 5 vasos de caldo (si el horno es de gas reservaremos 6 en lugar de 5). 
- Colocamos el arroz en cazuela de barro (he dicho de barro) y le echamos sal.
- En pequeña sartén freímos (una taza de aceite) un casco de cebolla (la cebolla solo es para dar sabor al aceite) y la retiramos. 
- En ese aceite echamos el pimentón y lo vertemos sobre el arroz, removemos y extendemos el arroz uniformemente en la cazuela.


- Repartimos los garbanzos por encima del arroz.


- Colocamos sobre los garbanzos las morcillas crudas y el tocino.


 - Vertemos en la cazuela -con mucho cuidado, me recuerda mi muy querida Santica Vinader- el caldo caliente (ojo, caliente).


- Rectificamos de sal.
- La cazuela al horno (previamente calentado) aproximadamente 40 min a 210º.


Notas.-  
             -Si se aprovecha el caldo del cocido, téngase en cuenta retirar los garbanzos y el caldo antes de echar el chorizo a la olla. 
            
             - Con la carne del caldo -pollo y morcillo- podremos hacer croquetas o freír unos pimientos verdes con tomate y añadirles la  carne desmenuzada.

Buen provecho.





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domingo, 25 de noviembre de 2012

FELICIDAD



En el cielo morarán los que en la tierra han sido felices
J.L.B. “El informe de Brodie”


En un reciente viaje a La Manga les comenté a tres de mis hermanos una noticia que había leído en El País. Un tal Michael I. Norton -profesor de la Escuela de Negocios de Harvard- aseguraba tener pruebas de que el dinero sí daba la felicidad. Comenzamos entonces una discusión sobre la relación entre el dinero y la felicidad que, por supuesto, aún no ha terminado. Discutir sobre lo que sea a propósito de lo que sea se nos da muy bien a los hermanos. 



Mi hermano Pepe decía que definir la felicidad ya era un tanto imposible. Para mi hermano Eduardo el dinero no daba la felicidad pero ayudaba. Mi hermano Miguel fue más tajante y asoció estrechamente dinero y felicidad y remitió la pregunta a los parados o a los desahuciados. Mi postura es tan radical como la de Miguel, pero totalmente opuesta.

Sostengo que este profesor Norton debe de ser un lince con los negocios pero en asuntos venturosos debe bajarse de la tarima y sentarse junto a los alumnos.



Yo le recomendaría a este joven desasnador que empezara por leer a Luis Rosales, uno de nuestros grandes poetas de la generación de 1936.  Así aprendería a distinguir entre alegrías y satisfacciones. Una alegría es algo más serio que comprarte un traje de Loewe o comerte una docena de gambas rojas de Denia a la plancha.

Luis Rosales en Algunas consideraciones sobre el dinero… nos advierte de esa limitación del poderoso caballero:

-El dinero tiene tanta fuerza que puede trasladar un monte o destruir una ciudad pero no puede dar una alegría, solo brinda satisfacciones. Distinguir claramente entre tener satisfacciones y tener alegrías es la clave del vivir.


 

También le recomendaría al amigo Norton -y a mis hermanos- que viera una escena de la película que dirigió Carlos Saura titulada Pajarico. Estoy convencido que esta sola escena le haría revisar su tesis. Paco Rabal sentado en la playa de San Pedro del Pinatar recibe en la cara la brisa del mar y contempla a los suyos disfrutar del agua y del sol. Piensa en lo hermosa que es la vida y dice una frase que podría ser una perfecta definición de la felicidad:

-Qué bien se está cuando se está bien



  • Encarna Segura Garrido Cualquier cosa que dijéramos sobre felicidad y dinero sería cierto. Felicidad, satisfacción... A mi me gusta la palabra plenitud. Puede el ser humano alcanzar la plenitud (llamémosla así) en algunos momentos de su vida. Puede el "pobre" alcanzar la plenitud en algunos instantes? Pues yo creo que si. El dinero está muy bien, "los duelos con pan son menos"; pero la plenitud creo que pertenece al ser humano pobre, enfermo, ignorante, sabio, feo, bello e incluso rico. Creo que eso sentía Pajarico mirando al mar.

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domingo, 18 de noviembre de 2012

PAN

La comida que adelgaza es la que se queda en el plato
GRANDE COVIÁN


Una vez que dejé atrás la treintena empecé a tener problemas de peso. Nunca he sido lo que se dice un gordito, pero desde entonces casi siempre me han sobrado diez o doce kilos, ahora incluso veinte.

Como soy algo presumido no me resigno a no lucir tipito, así que llevo toda una vida haciendo régimen. Parezco la luna, ahora menguante, ahora creciente, de nuevo menguante y vuelta a crecer. No he aprendido a mantenerme y esto es un suplicio.   

La culpa –a alguien he de cargarle mi peso- creo que la tiene mi afición a comer siempre con pan. Si no hay pan de por medio no como. Pan con aceite y  pimentón. Pan con sobrasada.  Pan acompañando a una naranja o a un plátano. Pan con vino. Pan solo.





Vengo de una familia muy numerosa –once hermanos- y todos con muy buen apetito. De críos, nuestras cenas eran a base de bocadillos. Imagínense a tres bocadillos por barba lo que da la suma. Más que unas simples cenas parecían celebraciones de cumpleaños. Bandejas y bandejas con bocadillos de tortilla de patata, de mortadela, de  anchoas…

Tengo la impresión que por aquellas fechas no era solo en mi casa donde el pan era alimento obligado. Manuel Vicent en su libro Verás el cielo abierto cuenta que en casa de su amiga Amparín comían el jamón sin pan. Al regresar a su casa se lo contó emocionado a su padre:
       
                 -Y Amparín, con un cuchillo muy grande, cortaba todo lo que quería, se lo comía sin pan y nadie le reñía.
                 -¿Sin pan? ¿Has dicho sin pan?
                 -Sin pan.
                 -Bueno, bueno, es que ellos son de Valencia. Quítate esas cosas de la cabeza, repetía mi padre sin levantar los ojos del plato.

Me da la sensación que ya a estas alturas no cambiaré de hábitos y el pan seguirá presidiendo mis comidas. Hice una intentona con la cocina de autor pero todo se fue al traste cuando leí una entrevista a Ferrán Adriá. Le preguntaban en qué consistían sus cenas. Su contestación me resultó familiar: Ceno un bocadillo.



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domingo, 11 de noviembre de 2012

EXECRACIÓN



Ya me había acostumbrado a ver en la televisión imágenes truculentas mientras tomábamos un estupendo solomillo acompañado de un buen vino. Cuerpos irreconocibles esparcidos por la calle entre ambulancias gritonas –pásame la ensalada- y niños corriendo aterrados. A todo se acostumbra uno.

Sin embargo, aún no he conseguido digerir esas escenas de mujeres muy mayores llorando mientras las echan de sus casas a empujones. Las echan porque sus bancos se chivaron al juez que estas señoras  avalaron un préstamo a sus hijos y éstos no habían cumplido. El señor juez se chivó a la policía y le dio la dirección de estas pobres señoras. La policía, tan obediente ella, se ocupa de hacer el resto. A la calle a empujones. 



Estas imágenes me hacen execrar –a diferencia de la maldición la execración supone un sentimiento profundo de rencor- de la clase política. Los entresijos de los bancos y los mercados se escapan a mi inteligencia pero lo que nuestros políticos nos han defraudado –algunos en su primera acepción-, eso, que no me lo explique nadie.

Execro a esos políticos, auténticos depredadores de votos, que cuando están en la oposición su lema es Cuanto peor, mejor. Execro a todos esos rufianes enquistados en los partidos políticos que han utilizado la política para forrarse. Execro a todos esos sinvergüenzas que hacen que las obras públicas cuesten el doble de lo que debieran costar. Execro a estos hijos de puta que no se han conformado con sacar una pequeña tajada de nuestro pastel, es que se han hecho ricos para varias generaciones. 




Execro a ese concejal -tal vez me esté leyendo- que supuestamente gastó más de 40 millones de aquellas pesetas en redecorar sus casas a cargo de una empresa adjudicataria de obras de su competencia. Execro a ese alto cargo estatal -tal vez me esté leyendo- cuyo flamante BMW supuestamente durmió, la noche anterior de estrenarlo, en el garaje de un constructor al que concedió unas cuantas obras.

No quiero olvidarme de execrar a ese altísimo –también en estatura- cargo de mi comunidad autónoma que toma clases de pádel -al menos los martes y los jueves-  de 10 a 12 de la mañana. Lo hace en una pista vecina a la nuestra, donde jugamos tres jubilados y un parado. Su chofer hace las veces de fiel recogepelotas. Entre que se ducha, desayuna y se desplaza a su despacho, se le hace la hora de comer. Trabajará de noche. 

Execrable.






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miércoles, 7 de noviembre de 2012

LA FUENSANTA Y EL ANTÓN



En mi anterior entrada -LÁPICES- el genial José Ángel, creador de "La Fuensanta y el Antón",  escribió un comentario que decía así:


Hola Thornton. He visto esta entrada y no puedo pasar sin escribir para decirte que yo también tengo debilidad por los lápices, con la diferencia de que no los colecciono, sino que los gasto, generalmente haciendo viñetas. En mi caso se podría decir que hago uso y disfrute de los lápices. Por eso mismo no te puedo enviar ninguno. Ninguno real, pero te voy a dibujar uno y te lo voy a mandar al email. Quizá sea el primero de otra colección, je, je...
Un saludo.

…y cumplió su palabra. Vean qué lujo de lápiz.






Lo dicho, un artista genial y generoso. Gracias maestro.


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