In Memoriam
Cuevas del Drac, entre estalagmitas y estalactitas, con la Barcarola de Los Cuentos de Hoffmann de música de fondo. Un guardia civil en barca -con tricornio y subfusil Naranjero- con un megáfono pegado a la boca: Don José Luis Rodríguez, don José Luis Rodríguez, don José Luis Rodríguez. Se ruega a don José Luis Rodríguez, si se encuentra entre los presentes baje al embarcadero.
El verdugo y Plácido parece que fueron sus obras maestras. Sin embargo, la película de la que más orgulloso se sentía él era Tamaño natural. Yo le oí contar en televisión que no concebía nada más erótico que encontrarte en la calle a una señorita desnuda, llevártela a tu casa y vestirla lentamente. Berlanga -que era una autoridad en estos asuntos de "La sonrisa vertical"- fue describiendo, prenda a prenda, cómo lo haría. Decía que vestirlas era mucho más erótico que desnudarlas. Creo -los profesores Carlos y Daniel me corregirán- que esta idea le inspiró la película Tamaño natural, donde Michel Piccoli adquiere una muñeca hinchable para sus juegos eróticos y termina enamorándose de ella.

Esta noche, en el Cinema Thornton Club, como homenaje a este grandísimo director se proyectará su película Calabuch, mi favorita. La vi siendo un niño y la sigo viendo, ya no tan niño, con el mismo entusiasmo. Un pueblo donde se ha detenido el tiempo. Una cárcel donde las celdas tienen el cerrojo por dentro y es el carcelero quien tiene que suplicar al preso que le abra la puerta. Con un Pepe Isbert haciendo de farero sordo, designado en esta ocasión para cumplir con el rito del Imperio Austrohúngaro.
Si alguno de ustedes aún puede verla por primera vez, será el más afortunado de todos.









































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