jueves, 21 de octubre de 2010

CHAPAS


Colecciono pronósticos
anuncios y matices
MARIO BENEDETTI


Todos tenemos nuestros recuerdos infantiles asociados a olores, paisajes, objetos o sabores. Uno de mis recuerdos más recurrentes es el de mi colección de chapas. Guardaba todas las chapas que caían en mis manos: Coca-cola, Pepsi, Dam, Azor o Mirinda.




Como soy hombre de bares, las chapas siguen estando cerca de mí, así que el recuerdo de aquella colección no se me va de la cabeza. Las guardaba en una caja grande de madera y eran mi tesoro. Con esas chapas nació mi afición por coleccionar objetos.




De las chapas pasé a reunir tebeos, cromos, llaveros, canicas y soldados. De mayorcito la emprendí con los cuadros, libros, películas y discos -mis amigos saben lo pesado que me pongo con mis 15 versiones de "La Bohème" y mis 12 versiones de "Tristan e Isolda"- . Ahora, algo más sabio, colecciono sonrisas, abrazos, atardeceres y recuerdos. Eso sí, puedo presumir de que nunca he coleccionado búhos.




A las chapas les sacábamos el corcho, las forrábamos de telas de distintos colores y les volvíamos a colocar el corcho aprisionando la tela. De esta forma fabricábamos los equipos con los que jugábamos maravillosos partidos de fútbol, en donde un botón hacía de pelota y nuestros dedos eran las piernas de los futbolistas.



Espero con muchísima impaciencia a que mis nietos tengan ya edad para jugar con su abuelo a las chapas. Les dejaré elegir equipo, les dejaré elegir campo, les dejaré el saque inicial, pero que no sueñen con que les deje ganar.

Ganar a las chapas no es lo más importante... ¡ES LO ÚNICO IMPORTANTE!



domingo, 17 de octubre de 2010

SEXO

El amor es ridículo a nuestra edad,
pero a la edad de ellos es una cochinada.


(El amor en los tiempos del cólera)



Hay gente, demasiada, que piensa que el sexo entre ancianos es poco menos que una desviación. Creen que la vejez no es edad para entretenerse en jueguecitos eróticos.


García Márquez, en su libro El amor en los tiempos del cólera, nos cuenta cómo Fermina y Florentino, se meten en la cama juntos, por primera vez, siendo ya casi octogenarios y cómo sus jóvenes parientes se lo recriminan con una de esas frases que tumbaría a cualquiera: el amor tiene una edad que empieza a ser indecente. 
Afortunadamente Fermina y Florentino no son cualquiera, ellos, como dice Fermina, son ya muy grandes para que nadie los cuide.



He rescatado de mi carpeta -esa donde guardo mis recortes favoritos- una viñeta de Jordi Labanda que expresa maravillosamente bien lo despistados que andan aquellos que consideran a sus mayores fuera de circulación, aquellos que creen que sus mayores ya sólo están para sopitas.




En el dibujo, como veis, aparece una señora, entrada en años y en carnes, vestida de cuero negro, con un látigo en una mano y un teléfono en la otra. Está hablando con su hija y le dice:


-oh, querida, eso suena delicioso. Pero tu padre y yo hemos hecho planes para hoy.



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