viernes, 2 de diciembre de 2011

ACLARACIÓN

La melancolía que se adivina detrás de Ese viejo estafador ha inducido a algunos buenos amigos a pensar que el cierre del Thornton Club se debe a causas más o menos preocupantes. Nada que ver con la realidad. Ni siquiera es fruto de ningún arrebato propio de mis pocos años –mentales- simplemente se debe a ese régimen de adelgazamiento bloguero que me propuse hace un año. 
  
Mi problema no es otro que el de tener este invento de los blog inyectado en vena. Me paso horas y horas con el ordenador disfrutando como un enano. Me gusta tanto escribir las entradas y me gusta tanto leeros que tengo dedicación plena con las malditas ondas hertzianas.

He intentado en más de una ocasión encontrar el equilibrio de que otros disfrutáis pero no soy capaz. He de hacerlo de la misma forma que manejo mis regímenes de adelgazamiento: temporadas en que me convierto en el Señor Apetito  y devoro todo lo que me place y temporadas de boca cerrada en las que comparto mesa y mantel con Carpanta. Tres meses abierto y tres meses cerrado.

Me reclaman otros amigos. Tengo medio enfadados a Billy Wilder, a Puccini y a mi  biblioteca virgen, que está cada vez más gruesa y con irrefrenables ganas de perder su virginidad. Este es el motivo, y no otro,  del cierre temporal del club. 

Hasta la anteprimavera.



miércoles, 30 de noviembre de 2011

ARRIVEDERCI





-Vuelvo enseguida, espero.


 

domingo, 27 de noviembre de 2011

ESE VIEJO ESTAFADOR

Y un indicio de otoño que hay en el aire dice / que es muy fugaz la dicha
E.S. ROSILLO


                                                     
                                                Sin el permiso de S. Rosillo, Biedma y Cernuda  

Toda su casa era una fiesta.  Vasos de vino blanco / dejados en la hierba, cerca de la piscina. En el jardín, al son de la música, familiares y amigos bailaban despreocupados entre risas y copas. En pleno jolgorio sopló un viento frío envuelto en hojas amarillas y rojas, uno de esos aires que de vez en cuando nos envía el otoño. Se detuvo entonces la música, pasaron los años y la casa quedó vacía.
 

Su casa quedó en silencio, sin risas. Su jardín era un jardín abandonado y ya no estaban los que allí fueron felices. Vio pasar, indiferente,  a ese viejo estafador que es el tiempo, a ese malasombra que nunca se está quieto y que siempre hace su trabajo. Pasó sin detenerse a saludar, huyendo. Le oyó decir mientras se alejaba: Todo lo que es hermoso tiene su instante, y pasa.







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