miércoles, 31 de octubre de 2012

LÁPICES



Era un chiquillo y ya coleccionaba soldados, chapas, canicas y tebeos. Soy un perfecto coleccionista con todos los defectos de todos los coleccionistas.   

En no pocas ocasiones he presumido –éste es el principal defecto de todo coleccionista- de mis colecciones de discos, películas o de libros. Casi todos ustedes saben que en mi casa amaso 28 versiones de Don Giovanni, 32 de La Bohème, 22 de Tristan e Isolda y así hasta varios miles de discos junto a  miles de libros y miles de películas.

Lo que nunca les he confesado es que otra de mis exageradas aficiones consiste en coleccionar lápices. Lápices normales y corrientes, de esos que te venden por un euro en las tiendas de los museos o junto al Acueducto de Segovia. Mis amigos, cuando salen de gira regresan acompañados de algún que otro lapicero para mi colección. Florencia, Berlín, Viena, Lisboa…de todas tengo un pedazo de madera y grafito en mi escritorio.




Dice mi amigo Mariano Feced que tengo boca de fraile. Les puedo asegurar que me calumnia. No es mi intención que esta entrada sirva para pedirles que se sumen a esta lista de donantes y me obsequien por correo  (Manrique Cos Tejada. Plano de San Francisco,14,3º.  30004 Murcia) con  un lápiz de su ciudad o de algún lejano lugar al que tengan planeado escaparse. Hasta ahí podíamos llegar.

Y ya saben, dicen que lo que más le gusta a un tonto es un lápiz. Yo creo que sí.










.

16 comentarios:

  1. ¡Hola!
    Me asomo a la ventana y te veo y me da mucha alegría, amigo Manrique...

    Yo tengo algunos que te guardaré por si no los tienes. Tengo un sobrino que también colecciona lápices, siempre que viajo le traigo alguno, a partir de ahora, traeré dos.

    Muchos besicos coleccionista
    BESICOS grandes.

    ResponderEliminar

  2. ¡Yo también colecciono!
    Ja,ja,ja...
    ¡Y me gusta escribir con lápiz!
    Pero ahora los uso menos...
    Un abrazo desde mi Librillo.

    ResponderEliminar
  3. Me conozco esa afición y creo recordar que le rendí tributo alguna vez.
    Por cierto, se ha notado que eres un caballero y no tienes boca de fraile, jajaja.
    Un abrazo muy estrecho, Manrique, de los muy grandes y solidarios, y miles de sonrisas (la alegría lo puede todo).

    ResponderEliminar
  4. También yo coleccionaba lápices en la adolescencia. Un buen día los regalé todos y empecé a coleccionar llaveros. También los regalé.
    Hoy colecciono sonrisas y tengo una recientita, gracias a ti.

    ResponderEliminar
  5. Tomo nota y me alegro que abras la boca, aunque sea la del fraile. Si apareces el dia 7 por el Casino me daras una alegria, por muchas razones. Un abrazo

    ResponderEliminar
  6. No veo lápices de Nueva York. Si este año paso por Murcia te los haré llegar.
    Un beso

    ResponderEliminar
  7. jajaja, qué cosas.

    Nunca he tenido la paciencia de los coleccionistas, aunque sí he sido paciente en casi todo lo demás. Pero lo he intentado. Los libros, claro. O, durante mi juventud, paquetes de tabaco vacíos de marcas extrañas. Y ahora colecciono tazas robadas en mis viajes. Sí, no es muy edificante confesarlo, lo sé, pero la vida es ansí. En mi primer viaje robé un cenicero de Le Flore de París, que luego por cierto vi que estaba marcado a un precio carísimo, pero cuando lo vi ya lo tenía en mi bolsa y no iba a dejarlo, obviamente. Es muy bonito, blanco, con las letras del café. A partir de ahí ocurrió lo inevitable. Si en tu primer viaje has robado algo, ¿cómo no seguir robando, amigo Thornton? Es como una condena, casi. Viaje que hago siempre hay un momento que mis acompañantes temen como a un nublado: aquel en que nos ponemos a tomar un café y saben que la taza acabará en mi bolsa. Tengo en el haber bastantes broncazos que me podría haber ahorrado a causa de este tema. Lo cual me confirma que soy un incomprendido, como todo buen coleccionista. La taza más bonita, una robada en Florencia, hermosa como la misma ciudad. La más atrotinada: la del café Gijón de Madrid. Una reliquia. La más complicada de robar: la de Granada, que la vieja no me sacaba los ojos de encima como si me hubiera leído la mente... La más fácil: la de los cruceros. Tranquilamente la llevas al camarote, te tomas el café, la lavas, la envuelves en papel de periódico, y directa a la maleta.

    Lo de los lápices es curioso, una amiga mía también los colecciona. Son un objeto bonito, un recuerdo barato y efectivo.

    ResponderEliminar
  8. Yo coleccioné diversas colecciones de cromos, cajetillas de fósforos, programas de cine. De más mayorcita me aficioné a los cómics (en Canarias: colorines), de los que tengo una colección notable. Y algunas otras cosas de las que he ido deshaciéndome.
    También pillo lápices en mis viaje, pero para regalarlos.
    Así que veré de conseguirte alguno, mi estimado fraile.
    No sé si conseguiré alguno del Teide.
    Me encanta el humor con el que vuelves, un abrazo grande.

    ResponderEliminar
  9. Hola, amigo, aquí de nuevo, en una nueva situación, más o menos como la tuya. O sea, que me he convertida en emérita, por decirlo con una palabra bonita y noble. Y si lo hubieras dicho antes, tendrías muchos más lápices, porque mi amiga Dori también los colecciona, y cada vez que hago un viaje o veo alguno curioso lo compro para ella, así que bien puedo comprar dos. Por otra parte, te diré que encantan las fotos que has puesto, al margen, y que veo a nuestro común amigo Pedro, en plena faena de vivir la vida con un buen amigo. He vuelto al blog, pero con más calma, desde luego, que llegó un momento en que me agobié. A ver si nos vemos por esas plazas de Murcia con un buen café. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  10. Curiosamente ayer me puse a ordenar la mesa de escritorio y te diría que salieron como un centenar de lápices de todas las medidas y tipos (en mi caso se amontonan sin intención coleccionista). Me puse a hacerle punta a todos ellos para darles vida mientras pensaba que con uno de estos el padre Faria hubiera podido crear una enciclopedia.
    No te preocupes que tu mensaje de coleccionista ha sido captado y asumido. Espero entregarlo en mano con un gran abrazo.

    ResponderEliminar
  11. Dice que lo calumnio, pero los franciscanos de al lado, (Monasterio de Santa Ana en Jumilla, junto al que tengo mi casa)a pesar de ser una orden mendicante, me piden menos cosas que él. Bien es verdad que ha encontrado la horma de su zapato y lleva más de un año pidiéndome una lámina de Caravaggio que no le he dado. ¿Quién sabe?, quizás un día de estos, cuando ya no la espere se la doy.

    ResponderEliminar
  12. Te comprendo jajaja, te comprendo...Y la frase final, con su colofón, me parece adecuada también a mi perfil. Me gustan los lápices, vaya que sí, y los bolígrafos ni te cuento.
    Tomo nota de esa dirección en Murcia, por si me sobra algún lápiz...o por si me falta, que también pudiera ser.
    Un abrazo

    ResponderEliminar
  13. Querido Mariano, ahora cabemos por qué vive en el Plano de San Francisco.
    Sean, rebuscando en mi mariconera encontré un lápiz que te compré para la colección en mi viaje a Santiago de ese verano. Te lo llevaré el próximo lunes al café de las once treinta.

    ResponderEliminar
  14. Hola, Thornton. He visto esta etrada, y no puedo pasar sin escribir para decirte que yo también tengo debilidad po los lápices, con la diferencia de que no los colecciono, sino que los gasto, generalmente haciendo viñetas. En mi caso se podría decir que hago uso y disfrute de los lápices. Por eso mismo no te puedo enviar ninguno. Ninguno real, pero te voy a dibujar uno y te lo voy a mandar al email. Quizá sea el primero de otra colección, je, je...
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  15. ¡Jajajajaja! ¡Qué grande eres...! ¡Abrazo!

    ResponderEliminar
  16. Hola Thornton, ya ves, otra vez por aquí.Cuando era más joven siempre me decía que quería ponerme una papelería. Me encanta el olor a papel, y sobre todo manejar bolis, libretas y...lápices. No colecciono pero tengo... la tir.Igual tienes suerte sin ser fraile y te llega alguno.

    ResponderEliminar