sábado, 19 de noviembre de 2011

CARIDAD ROMANA


Pero alimentó con leche de sus pechos a su padre, Micón, 
que era muy anciano ya y pasaba sus últimos días en la cárcel.

VALERIO MÁXIMO                                                              

                                                                                                 

Llevo entre manos una bellísima edición de los cuentos de  Guy de Maupassant que reúne ciento cuarenta relatos. Algunos de ellos ya los había leído en un viejo y pequeño libro: El Horla, Bola de sebo, Una partida de campo, La casa Tellier y algún otro. Así que me estoy dando un atracón de padre y muy señor mío con el resto de las 1.261 páginas. 


En uno de los cuentos, titulado Idilio, un joven hambriento que comparte vagón de tren con una desconocida nodriza, termina con el botón oscuro del pecho de la robusta campesina metido en su boca  y alimentándose con su leche tras dos días sin probar bocado.

Al leerlo he recordado una vieja leyenda que desde hace algún tiempo llamó mi atención: La Caridad Romana. Esta historia de amor filial nos la cuenta Valerio Máximo en su Hechos y dichos memorables: Micón encarcelado y próximo a morir de hambre, recibe en su celda la visita de su hija, Pero, que al ver su lastimoso estado le ofrece su pecho para amamantarlo. Esta leyenda ha servido durante siglos de motivo iconográfico a pintores de la talla de Murillo, Rubens, Caravaggio o Monroy.

La primera vez que me topé con una pintura de La Caridad Romana fue en Madrid, en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Allí descubrí un cuadro de Joannes Jansenius Gandensis  en donde un viejo, preso en una mazmorra, está mamando del pecho de una joven que mira hacia atrás recelosa. 


Contemplando esta pintura recordé una secuencia de la película  El crimen de Cuenca: un preso  que recibe la visita de su mujer y se lanza sobre ella a saciar su sed con la leche de sus pechos. La misma historia del pobre Micón y su hija. Me da la impresión que al igual que Maupassant,  Pilar Miró  debía de conocer aquellos hechos y dichos memorables.





Aquí les dejo mi última superproducción, sean indulgentes.











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19 comentarios:

  1. De indulgencia, nada de nada, sino reconocimiento a tus grandes dotes de director, Presi.
    Impresiona la caridad romana, la hambruna de los amamantados. No deseo ahora mismo, con los tiempos que corren, establecer similitudes con estos clásicos del pasado.
    Las pinturas, magníficas, y siempre estupenda la idea de organizar una excursión para contemplar un cuadro, y más si éste va ligado a la memoria sentimental y familiar.

    Como siempre, brillante, Presi.
    Te superas a ti mismo cada día.
    Millones de besos, amigo.

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  2. Otros , aun varones, nos amamantan con su sabiduría, de la que, desgraciadamente, tenemos menos hambre, pero más necesidad.
    Y transmiten a su familia la necesidad de "enseñar al que no sabe" ("La responsabilidad administrativa del empresario...")

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  3. Siguiendo con la serendipia de la que hablábamos el otro día, te diré que ese “almodí” jativense debe de ser el “almudí” murciano (almudí, del ár. clás. mudy, y este del lat. modĭus, modio, medida para áridos), o sea, la alhóndiga, la casa donde se depositaba el trigo y otros cereales. De alimento a amamantamiento, me llevo dos. Entiéndelo.

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  4. Qué mala es el hambre, amigo Manrique. Es fácil imaginar las miserias que acechaban al hombre en otros tiempos a través de los cuadros y relatos que hoy nos citas. La caridad romana de esas mujeres que, echando la vista hacia otro lado, acercan su pecho al hambriento, es impresionante. Esperemos que ningún artista vuelva a inspirarse en dicha caridad, lo contrario, mala señal sería.
    Qué de cosas he aprendido en un momento. Gracias.
    Un abrazo.

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  5. Bonita y sugerente entrada Manrique.
    Como dicen algunos oradores, "en otro orden de cosas" no pretenderás declararte el responsable y dueño de la idea de ir a Xativa, mi pueblo, ya lo propusimos Miguel y yo y con un plan de viaje que incluia como actividades principales, comer un "arros al forno" y por consejo del cuñado Paco,"comprar butifarrons".
    El resto de actividades que sugieres, me parecen muy oportunas e intresantes, pero ya sabes "primero Dios y despues los Santos"
    Un abrazo
    Pepe

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  6. Mi querido maestro, como ya te he dicho, es un lujo asistir a tus clases. He visto a Caravaggio, a Luini, a Rubens y a alguien más, he escuchado una música de lo más acorde al tema y encima me quedo con la intriga del cuadro al revés (ahora mismo voy a indagar algo al respecto). Total, ¡tremenda clase!
    Así que de indulgentes, nada, ¡faltaría más! Un aplauso a tus méritos y a tu vastedad personal. Genial.
    Besos...¡ah, y gracias por el cambio de foto que me has hecho!
    (nada, que tengo ya muchos imanes que me tiran pa' esa tierra)

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  7. Estoy reflexionando....
    Me viene muy bien venir a leer estas cosas tan interesantes que nos propones. Gracias por estas lecciones de "alta cultura", eres un gran maestro de las artes cinematográficas.

    Siempre aplaudo tu gran gusto.(me siento un poco abrumada)cosicas mías...Pero me gusta estar en el "candelabro"siempre que sea en una buena mesa, mejor dicho barra, la de este club.

    Me apunto todas tus sugerencias, espero tener tiempo para poder leer todo lo que me queda por leer...
    Besicos amigo.

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  8. Thornton, un hermoso recuerdo a la estupenda historia de amor filial.
    Un extraordinario paseo por autores de pinturas, cine y escultura, que han plasmado tan aleccionador hecho.
    Sigue pasando el contador para la obtención del Oscar.

    Un abrazo, Manri.

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  9. Como tú sabes, Thornton, el que hoy “recreas” en tu blog es uno de esos relatos inmemoriales que se van dejando en el camino sus antecedentes míticos o religiosos para terminar “mostrando” sus raíces puramente humanas. A mí siempre me sorprendió su representación desde que conocí la pintura de Bartolomeo Manfredi. Esa ofrenda de senos turgentes recogidos entre los flácidos labios de ancianos nervudos encadenados o abrazados que parece se alimentan - pues de todo hay en estas pinturas dentro del mismo “motivo” - me conmueve, y cuanto más las contemplo, más me producen un sentimiento de ternura; de interminable ternura. Muy parecida Thornton fue la sensación que sentí, aunque en otro registro, con las lecturas de “Misericordia” de Don Benito Pérez Galdós o “La viuda del Capitán Estrada” de Pedro García Montalvo; dos grandes novelas. En ellas no encontré esa “caridad teologal” con la que se han adornado retóricamente estas representaciones pictóricas de la “caritas romana”, en absoluto, tan sólo Thornton, tan sólo experimente yo en aquellas lecturas al igual que en estas magnificas pinturas que traes ahora en tu película, la manifestación de una infinita “ compasión humana, demasiado humana”…infinita…. Y tú Manrique, que eres un poeta, sí, un poeta aunque te este sonriendo ahora mismo, pues “la poesía, como todos sabemos, se dice de muchas maneras”, lo has expresado poéticamente en esta bellísima entrada (¡qué música y ese final escultórico recortado sobre el infinito cielo ! ) ofreciéndonos otra dimensión, otro ámbito donde habitar este “ambiguo” relato,… aparte de aprovechar la ocasión para marcharte otra vez de fiesta con la familia en busca de vuestro tiempo.

    Un abrazo.

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  10. Querido Nicolás, como habrás leído, esta entrada está dedicada a Carlos, ese amigo que siempre va contigo. Se la he dedicado porque sé de su sensibilidad, de su gusto por estos asuntos y porque fue el único, de entre todos los miembros de la tertulia del Belluga, que conocía la "caritas romana". No obstante, y aunque no le guste que lo diga, es el más sabio de la cuadrilla.
    Traes muy acertadamente a la Santa Nefija de Pedro G. Montalvo, aunque su caridad no era precisamente filial y coincido contigo en esa mirada humana de la compasión.
    En cuanto a lo de poeta, haré como que no lo he leído y recordaré a Jorge Guillén: ¿Poeta yo, como Virgilio?

    Un abrazo muy fuerte.

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  11. Una escena semejante aparece en "Las uvas de la ira", de John Steinbeck, según creo recordar, porque la leí hace mucho.
    Un abrazo

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  12. Muy bueno, muchacho. Un placer acercarse a las fuentes de la sabiduria.

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  13. Grandísima entrada y, como siempre, hilvanando con primor. Tengo los cuentos esenciales de Maupassant pendientes de lectura sobre la mesilla de noche.
    Ahora los tomaré con más ganas.
    Un abrazo fuerte de uno que viene aquí a amamantarse con voracidad.

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  14. Querido Sean, magnífica entrada.
    (Manri,quizás la dedicatoria ....)

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  15. Buena producción Thornton. Desconocía la leyenda de la caridad romana aunque algunas pinturas si las recordaba y siempre me habían sorprendido esos señores chupando teta. Agradecido.
    Como debes estar gozando con los cuentos de Maupassant y que edición más excelente. Si te quedas con ganas de más y deseas completar, sabrás que Valdemar también recopiló un tocho con sus relatos más fantásticos y Siruela otro con los de temática femenina (ambos traducidos por el insigne Mauro Armiño).
    Abrazos maestro.

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  16. Anoche leí a Ángel González, entre otros "Sinestesia" y escribí sobre las librerías.
    Besicos.

    Tus comentarios siempre me sugieren el leer o el escribir, también el pensar...

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  17. Me remito a mi primer comentario, y no te preocupes por los plagiadores, efectivamente, solo se copia a los maestros.

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