martes, 4 de junio de 2013

RATONCITO PÉREZ



                                  A mis nietos, Manrique, Elena, Pilar, Manuela y Gloria
                                                                        
SE LE HA CAIDO su primer diente a mi nieto Manrique y es la primera vez que uno de mis nietos espera la visita del ratoncito Pérez.  Dice el muy avispado, que al llamarse Manrique Cos "Pérez" el ratoncito no puede fallarle y seguro que debajo de su almohada dejará un buen regalo.

A propósito de este magno acontecimiento he recordado una entrada que escribí hace un par de años sobre los niños y sus ilusiones. Venía a decir que desde que soy abuelo se me ha acentuado la obsesión por la felicidad de los niños, de los niños que pueden ser felices, claro. Esos que son felicitados en sus santos y cumpleaños, esos que reciben las visitas de los Reyes Magos y del ratoncito Pérez. Los otros, los del sur, los que enferman simplemente por no poder lavarse las manos, esos, se merecen una reflexión más seria.

Con mis hijos he sido un padre blando, lo sigo siendo. He mirado siempre a mis hijos con ojos de abuelo, los he mimado en exceso. Ni yo me he arrepentido ni ellos lo han lamentado. Decía un joven pedagogo que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo. Que sin ese amor exagerado que le dió su padre, no hubiese sido tan feliz.

La niñez está para disfrutar, para jugar y para ser feliz. La primera y más importante obligación de los adultos es hacer que esa felicidad sea lo más intensa posible. Nunca volverán a ser tan felices. Pronto despertarán del sueño de los niños y dejarán de ser inmortales. Cuenta una famosa escritora, que su hija, ya mayorcita, le dijo que era la madre más buena del mundo. Ella le respondió que su único merito había sido darle besos y decirle que la quería.

La coartada del adulto poco cariñoso es equiparar mimar a malcriar, como aquellos que confunden seriedad con tristeza, y alegría con informalidad. Sin saber que el ideal es ser serio y alegre. No, no tiene nada que ver. Presumo de tener el nieto más mimado del mundo y es un zagal bueno, educado, feliz, sociable... incapaz de faltar al respeto a nadie. Por todo ello, por ser así de majo, el ratoncito Pérez ha hecho escala en su cama.

Para su desgracia, para la mía, ese roedor ya no trasteará nunca más su almohada. 



jueves, 30 de mayo de 2013

ESCOTES



ME PREGUNTA un buen amigo si conozco el blog Los escotes de Alicia. Me cuenta que es el blog de una chica valenciana. Una ingeniera de 31 años de edad que se divierte publicando diariamente imágenes suyas leyendo, cocinando o simplemente posando,  pero siempre enfocando a sus pechos –nunca desnudos del todo- y sin mostrar su rostro.




Me interesó el asunto y saqué tiempo libre, de donde no lo tenía, para investigar a la valenciana. Efectivamente, mi amigo Jesús no había exagerado lo más mínimo. Este blog tiene apenas cinco meses de vida y ya lo han –lo hemos- visitado casi 13 millones de veces. ¡13 millones en apenas cinco meses! 

Veo que es noticia en la prensa española y extranjera. Al parecer le están lloviendo ofertas para que desvele su identidad y podamos ponerle rostro a ese par de caramelos que enseña. La revista Interviú quiere llevarla a una de sus portadas pero Alicia dice que nones, que prefiere seguir en el país de las maravillas.

Otros blogueros escribimos libros, los publicamos y los presentamos; compartimos nuestras lecturas; recomendamos óperas y películas y sin embargo no le llegamos ni de lejos a su millonaria audiencia. No cabe duda que todos los refranes tienen su fondo de verdad:

- Tiran más dos tetas que un par de carretas.   




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domingo, 26 de mayo de 2013

EL GRADUADO

OTRA DE MIS películas imprescindibles. La vi con pocos años y con mucha censura a mi alrededor. Aquella señora madura empeñada en llevarse al catre a un jovenzuelo de mi edad era demasiado para mis fantasías eróticas. Aquella pierna con una media deslizándose lentamente hasta desnudarla forma ya parte de mi catálogo erótico.




Simon y Garfunkel se encargaron de que asociara todas estas imágines a una música que está a la altura de la película. Cada vez que oigo Mrs. Robinson o El ritmo del silencio, aparte de tararearlas con mucho oficio, me acuerdo de aquella magnífica película que tanto nos turbó a mis amigos y a mí, y de la que -por deferencia a mis lectores- no les haré una crítica al uso. 

Aquí les dejo una de mis escenas favoritas.











 

jueves, 23 de mayo de 2013

MÚSICA MASÓNICA



MISTERIOSA, infinita melodía. Lento, profundo, ampuloso canto. Pavor, sorpresa, amenaza, espanto...Mozart tejió a la masonería





martes, 21 de mayo de 2013

BOXEO ARGENTINO

  Tan genial como siempre, Ricardo Villar (alias Blanco) publica este texto -incluidas ilustraciones- en la revista: 

 

hyperbole

 

Boxeo argentino

16 mayo 2013 
 
1. UN JUGUETE ROTO

-El boxeador tenía por mote El Intocable. Bajaba la guardia. Las manos sobre los muslos. O a las espaldas. Ofreciendo su cabeza. Los rivales no daban con ella. Los exponía al ridículo. Solían quedar como peleles. Como torpes atletas del desacompasamiento. No bailaba como Alí, aún siendo un peso welter. Se desplazaba poco. Sólo su cintura, su cabeza iba y venía huyendo de golpes que dejaban en el aire fugaces líneas cinéticas. Como en una viñeta de cómic. Acabo de volver a ver retazos de sus peleas en Youtube, y de comprobar que la mitificación continúa teniendo su irreprochable correspondencia con la realidad de aquel entonces. Fue campeón mundial. El doce de diciembre –el día que yo cumplía seis años- del ’68. Dicen que antes de la pelea se quedó dormido mientras le daban un masaje. Lo despertaron para subir a pelear. Después de nueve rounds, el rival japonés, desquiciado, desistió de seguir tirando zarpazos a la nada circundante. Defendió cinco o seis veces el título. Hasta que uno sí que encontró su cara. Su última pelea antes de retirarse fue una velada patética en un hotel de Bariloche –recuerdo haberla visto por la tele-. Mientras él peleaba contra no sé quién -un paquete cómodo- la gente cenaba en mesas dispuestas alrededor del ring. Se hicieron chistes con las gotitas de sudor regando los platos de los comensales.
-Un juguete roto.
-No diría tanto.
-Un juguete roto, me encanta esa expresión.
-Nunca estuvo en la indigencia. Recuerdo una entrevista en la revista Goles. Vagamente. Tenía una mueblería. No se había convertido en un empresario más o menos exitoso. Eso sí. No tenía por qué, claro. La guita que había ganado la fue perdiendo en negocios volátiles. Más tarde leí que le habían asignado una subvención. No sé si vitalicia.
-Pues ya me dirás si eso no es un juguete roto.
-Recuerdo que se le entendía con mucho esfuerzo. Parecía como si jamás se quitara el protector bucal. Era de respuestas cortas. No creo que reflejo de una inteligencia corta. (¿Sus reflejos en el ring eran muestra de una cierta forma de inteligencia, o una inequívoca expresión instintiva?) Tenía fanáticos desatados. Otros lo criticaban porque le faltaba pegada. Porque interpretaba el boxeo de un modo “femenino”. Como si un torero utilizara el estoque sólo para rascarse la espalda. Evitaba las carnicerías. Chico Novarro incluyó un verso delicioso en una de sus canciones, una especie de tango más o menos moderno: Total esta noche, minga de yirar/que hoy pelea Loche en el Luna Park.
-Minga de yirar se podría traducir como paso de perder el tiempo por ahí.
-Algo así. Del gimnasio, cuando no le quedaba más remedio, entraba y salía arrastrando los pies. Nunca dejó de fumar. Murió en el 2005. Yo era fanático de El Intocable.
-Siempre te han gustado los juguetes rotos.
-Pesado.



2. TE PONGAS COMO TE PONGAS, SON JUGUETES ROTOS

-El boxeador le aguantó diez rounds a Alí. Hasta que no se aguantó más en pie. Recuerdo haber visto la pelea por la tele. Antes, le había hecho besar la lona -no pude resistirme a escribir esa expresión- a uno de los más grandes boxeadores de la historia. Poco, pero lo tiró. Lo llamaban Ringo. Encarnaba la versión tópica –muchas veces paródica- del porteño. Un poco la imagen que tienen en España de “lo argentino”. Para ser menos injusto habría que hablar siempre de “lo porteño”. Me parezco poco al boxeador. Pero tal vez lloré cuando ya no se pudo levantar a tiempo. Ringo era de Parque Patricios. Entrenaba en el club Huracán. Yo fui centenares de veces a jugar al fútbol a Parque Patricios, frente a Huracán, del que fui socio durante algunos años. Íbamos a la piscina y después a comer pizza a El Globito. Cerca, en el mismo barrio, con mi amigo, frecuentábamos el cine Rivas. Sesión continua. Ya no está. Ya no están. Ni el cine ni el amigo. Aunque para entonces el boxeador ya no se entrenaba en Huracán, o yo nunca lo vi. Aún no lo habían asesinado.
-Otro juguete roto.
-No exactamente.
-Todos tus juguetes rotos parecen estar en el límite de lo roto, o en el límite de lo juguete. Nunca son exactamente.
-Sí, son tipos limítrofes en más de un sentido.
-Te pongas como te pongas, son juguetes rotos.
-Dos frases del boxeador: 1. La experiencia es un peine que te dan cuando te quedás pelado. 2. Cuando suena la campana te quedás solo. Te sacan hasta el banquito. Su familia tenía, y tal vez siga teniendo una funeraria en Parque Patricios. La regentaba un hermano. Tuvo fama, dinero, mujeres, Mercedes, y ese lujo hortera –allá diría grasa- con el que se embadurnaban los triunfadores de barrio. Seguía yendo a comer los ravioles del domingo a casa de su madre con la tranquilidad de que nadie, ninguno de los pibes que jamás conseguirían despegar, le harían un mínimo arañazo al cochazo inalcanzable aparcado en su casa de siempre.
-Estamos subiendo. Ahora viene la caída, ¿no? El típico recorrido del valle a la cima y de la cima a bajo tierra.
-El dueño de un burdel de Reno, el Mustang Ranch –continúa funcionando-, lo mandó a matar. El tipo se llamaba -continúa llamándose- Joe Conforte, nombre de mafioso difícilmente superable. El asesino, Willard Brymer, salió de rositas. (Shakespeare escribió el destino de todos nosotros. Después, un día, un sicario o uno que va por libre se encarga de ejecutarlo.) Los hechos permanecen en la nebulosa legal y literaria. Parece ser que Ringo se estaba tirando a la mujer del mafioso.
-Tirando no me parece una expresión muy apropiada. Es machista.
-Tirando es apropiadísima. Sexo. Infidelidad. Celos. Venganza. Etc. Todos los componentes de una buena o mala tragedia. De una buena o mala novela o película. La vida misma. La misma muerte.
-Vas de la pretensión literaria a la pretensión ensayística, al reportaje, a la pretensión sin pretensiones.
-Voy. El boxeador estaba casado, en Argentina. Tenía hijos. A su vez se había casado con una camarera del Mustang Ranch. Se había ti-ra-do a la mujer de Conforte. Desconozco en qué orden. Vivía en una casa rodante. Se lo cargaron a las seis de la mañana. (Siguiendo los designios establecidos por Shakespeare.) Joe Conforte está huido -¿puede uno estar huido?- de la justicia de EEUU. Vive en Brasil. ¿Qué habrá sido de la esposa del dueño del burdel? Tengo un cartel anunciando la pelea con Clay. Lo compré en un mercadillo de San Telmo. Es un souvenir de mi infancia.



3. POR FIN UN JUGUETE ROTO SIN PALIATIVOS

-El boxeador –si es que los boxeadores, como los toreros o los diputados, de algún modo, siguen siéndolo aunque ya no lo sean- es atropellado por un autobús. A la salida de un partido en la cancha de Independiente de Avellaneda. Agoniza largamente sobre los adoquines. Pide que no lo dejen solo. Muere en un hospital del sur de la provincia de Buenos Aires. Fue, a un tiempo, Mono y Tigre. Los señoritos del ring-side lo despreciaban rebajándolo hasta primate. Para ellos era el Mono Gatica. Para la popular, para el pueblo -esa masa deseosa de supuestos malos ejemplos para tomar de ejemplo- en cambio, era el Tigre Gatica. En la memoria popular, paradójicamente, pervive como el Mono. Tal vez porque la derecha, a la larga, siempre se sale con la suya. El Mono fue un juguete roto.
-Por fin un juguete roto sin paliativos.
-Lustrabotas. Empezó peleando por unos pesos rápidas peleas regladas por una ordenación sin cláusulas escritas. Tres rounds en un tugurio, territorio de marineros desgajados del mar y putas adheridas a paredes pintadas de humedad.
-Al grano.
-Cuando le presentaron a Perón, Gatica le dio la mano diciéndole “Dos potencias se saludan”. De la mano del entonces presidente, Gatica llegó a Estados Unidos. Ike Williams lo facturó de vuelta desde el Madison Square Garden estampillándole tres expeditivos sopapos. Perdió el favor oficial, pero no el fervor popular. Escenificó junto a Alfredo Prada -que sí llegó a campeón argentino y que cuando se bajó del ring podía ir al banco a interesarse por sus ahorros- una especie de extraña amistad. En empate cerraron su estadística de golpes: ganaron tres peleas cada uno. Aunque El Mono perdió la última de las seis. Volvió a la villa miseria a empezar a cerrar el círculo. Prada puso un restaurante y le pagó a su viejo rival por dejarse humillar a la puerta del local, exponiéndolo como abrepuertas. Algunos le dejaban unas monedas de propina como antes le  habían dejado insultos y gestos de burlas simiescas desde las filas más cercanas al ring. Otro “amigo”, Martín Karadajián, empresario y luchador que regentaba una troupe de luchadores de catch –toda mi infancia y adolescencia viendo en la tele las peleas de Titanes en el Ring con todo su batallón de luchadores: El Mercenario Joe, El payaso Pepino, el
-Perdón, mejor guárdate a los titanes estos para La hora de la Nostalgia, un blog que, por lo que veo, no deberías tardar en inaugurar. Cómo estamos…
-El fotógrafo oficial de Karadajián y su mundo era el padre de un compañero de clase, a mis diez u once años.
-¿Ya?
-Por otras cuatro monedas, Karadajián representó otra derrota parodiando la parodia del Mono roto. Karadajián le ganó la farsa de pelea. Una inundación se llevó su chabola. El agua de los pobres empeñada en borrarlo todo. El Mono, años después de cobrar por perder, y mientras apenas si ganaba para sobrevivir, murió en la calle. En más de un sentido murió en la calle. El último músculo de su dignidad rogando que no lo dejaran solo. Tenía treinta y ocho años. Seguro que llovía lentamente. Treinta años más tarde, Osvaldo Soriano escribió una semblanza sobre su vida que hay que leer, como todo lo escrito por Soriano.

 

4. TU AMIGO EL BOXEADOR

-Mi amigo boxeador, a principios -a mediados también- de los años noventa, me enviaba desde Buenos Aires cintas de casete grabadas con su voz medio naturalmente hecha mierda, medio artificiosamente hecha mierda. Mensajes larguísimos -una vez me llegaron de una tacada tres cintas de noventa minutos- en las que me contaba lo que le venía a la cabeza, que era siempre -exactamente- lo que a mí me venía al corazón.
-Tu amigo el boxeador.
-Al que íntimamente tanto envidias. No sé por qué.
-Ni yo. Siempre perdía sus peleas.
-Prácticamente todas. Me pegaron hasta en los recuerdos. Me pegaron hasta en el apellido. Me pegaron hasta en la memoria. Siempre me decía una o más de una de estas frases. Nunca le grabé una cinta. Yo le devolvía cartas que me iba a escribir al macdonals de Gran Vía y Montera. Odio los macdonals -¿por eso lo escribo así?-. Ahora. Le escribía cartas de un folio apenas. También hablábamos de vez en cuando, de bimestre en bimestre, por teléfono. Siempre era yo quien lo llamaba, desde una cabina. Juntaba monedas de cien pesetas, que alcanzaban para hablar bien poco. El que se quedaba con la palabra en la boca, siempre era él.
-…
-Conservo sus cintas -sesenta y dos-. Todas. Incluso la última. En la que nada me decía acerca de que sería la última.
-…
-Diez años. Más o menos. Cada tanto vuelvo a marcar su número de teléfono. El que fuera su número.

lunes, 13 de mayo de 2013

SERRALLO ALBERQUEÑO



TENGO UN HARÉN en La Alberca que para sí lo quisiera el pachá Selim. 




 Comparto mi dormitorio con más de una docena de bellas mujeres. Duermo justo debajo de la Venus de Urbino, flanqueada por Giovanna Tornabuoni y por la Dama con Unicornio.





  Algo más alejada y un poco ausente, una joven del Quattrocento que conocí en Lisboa. Es una joven  -amiga de Ghirlandaio- de una serena belleza que propicia el sueño y me hace soñar con los angelitos.




A los pies de mi cama, Tosca, Lucía, Violeta, Carmen, Susana, Norma, Gilda, Turandot, Manon, Batterflay… me despiertan por las mañanas al son de sus arias. Ya les digo, todo un serrallo.





Hablando de serrallos y de Selim, les recuerdo que Mozart escribió una ópera bellísima que llamó “El rapto en el serrallo” y que les animo a oír. Para que vean que no soy tan presumido como dicen algunos envidiosos, les confesaré que solo tengo una versión de este singspiel: la dirigida por karl Böhm en 1974 para DG. No es la que recomiendan los críticos pero a mí me gusta.









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domingo, 5 de mayo de 2013

AMIGOS QUE DAN SED

 -¿Qué es lo que más te gusta en esta vida? 
 - Comer.
 -¿Y después?
 - ¿Después?...¡Cenar!

MI PESO ACTUAL ya no lo calculo en kilos sino en toneladas. He alcanzado la bonita cifra de 0,104 toneladas métricas. Teniendo en cuenta que mido 1´73 de estatura ya se pueden imaginar el Índice de Masa Corporal que poseo. Así no puedo seguir.






La culpa no es mía, lo juro. La culpa la tienen mis amigos. No sé cómo me las arreglo pero, salvo algún que otro espécimen raro, las gentes con la que alterno son de esos amigos que dan sed. Les contaré nuestras fechorías de los últimos cuatro días: el miércoles día uno, fiesta del trabajo -de inmediata desaparición-, catorce valientes comimos en mi casa de La Alberca. Bueno, comimos, merendamos y cenamos. Al día siguiente, siete desaprensivos nos desplazamos a Cabo Palos, al Mosqui, más madera. Ayer, once piratas nos pusimos rumbo a las playas de Águilas y volvimos a pecar contra ese pecado capital que proporciona tanto placer.






Estoy a punto de tirar la toalla y resignarme a ser un gordo de por vida. He estudiado a fondo mi caso y he llegado a la conclusión de que no es la comida lo que realmente me atrae -y menos la bebida-, lo que me gusta es la charleta, el buen rato que pasamos los amigos en la barra de un bar o alrededor de una mesa. De ahí que me resulte tan difícil privarme. Los primeros gramos que se pierden cuando te pones a régimen son gramos de buen humor y yo gozo de un humor excelente.


Estoy perdido.
















jueves, 25 de abril de 2013

SUNRISE

                                                          A Javi Guerrero                                                               
HACE UNOS AÑOS descubrí esa joya del cine que es SUNRISE (Amanecer), un poema sin palabras que nos regaló Murnau. Recuerdo que la recomendé de la única forma que sé hacerlo: ¡A qué esperan a verla, vamos, vamos! Aprovecho para volverla a recomendar: Amanecer es la Capilla Sixtina del septimo arte.

A continuación, colgué en el blog un poster de esta película con el cartelito de las películas del oeste: “WANTED”. Me consta que amigos como Carlos Tusitalas, Antonio Campillo y otros muchos se pusieron manos a la obra y, como aquellos cazarrecompensas, persiguieron el poster por medio mundo. El rufián conseguía escabullirse una y otra vez y no hubo forma de atraparlo.




Cuando ya lo daba por imposible, recibí un correo de nuestro amigo Javi Guerrero. Me mandaba un archivo con el poster de Sonrise con una estupenda resolución. Tengo que remontarme a cuando de crío estrenaba zapatos para recordar una alegría parecida. Lo llevé a revelar y a enmarcar y ya está colgado en mi cine casero, junto a Mon Oncle; Johnny Guitar; Con faldas y a lo loco y otros por el estilo.

Gracias Javi, te debo una... mejor dicho, te debo otra: John Fante.



 

martes, 23 de abril de 2013

SIN COMENTARIOS

MI PRIMERA ENTRADA la escribí hace ya unos años y la titulé "SERIEDAD". El primer comentario que tuve lo escribió Blanco. Con su fino humor venía a decirme que yo había abierto un blog y que no se lo había comunicado. En pago por mi descortesía, decía, no se haría nunca seguidor mío, al tiempo que se daba de alta como uno de mis más fieles y queridos seguidores.

Acabo de leer su intervención en mi entrada anterior, y puesto que he decidido eliminar los comentarios en mis escritos, me ha parecido oportuno que también sea él, Blanco, el que cierre este ciclo. En su primera intervención se despedía con "Un saludo". En esta última con "Un abrazo grande".

No seré tan infeliz como para decir que de este agua no beberé. Sé que dentro de algún tiempo volveré a activar esa tecla y preguntaré: ¿Hay alguien ahí?

lunes, 22 de abril de 2013

DO UT DES

                                                           A Cabopá, fiel visitadora de este club

LLEVO UNA LARGA temporada sin visitar apenas ningún blog. Tengo mis motivos, aunque no viene al caso contarlos. José Lorente; Madison; Blanco; Javi Guerrero; Mamen; Daniel Domínguez; Antonio Campillo; Mariano Sanz; Isabel Martínez; Lunska; Ramon East River; Aro; MªJesúsparadela; Clares; Jesús de los bosques; Cabopá; Is@Hz; Carlos el Tusitalas; Anabel; Antonio Porras; Mercedes Pinto; Ángel Paniagua; Rosa Cáceres; Tanci; Rosario; Virgi; Mobesse; Recuerdos perdidos; Tordon; Sebastián Damunt; Pepe Pereza... tantos y tantos amigos con los que estoy en pecado, yo que he sido de misa diaria.



Esta larga ausencia me ha permitido comprobar una de mis teorías blogueras: El principio sagrado que rige estos rincones virtuales no es otro que el  Do ut des. En este virtual mundo, como en la selva, tenemos nuestras leyes: tú me visitas, tú me comentas; yo te visito, yo te comento. No está bien ni mal, es lo que es.

Cuando era un gran visitador los comentarios a mis entradas se contaban por muchas decenas: 80, 90, 100, 110... ¡Hasta 142! con aquella entrada titulada "Envidia". Desde que no viajo se pueden contar con los dedos de la mano los amigos que pasan y dejan recado. Pasar, siguen pasando más o menos los mismos - el cuenta copas así lo dice- incluso más,  pero no dicen ni mu.

Nadie lea esto como un reproche a nada ni a nadie, faltaría más. Entre otras cosas porque yo he hecho lo mismo con otros. Dejé de visitar a Carla, Dillinger, El Pobrecito Hablador y algún otro, sencillamente, porque dejaron de visitar el Thornton Club: Do ut des.

Puede que alguno de vosotros trate de achacarlo a un posible retroceso de mi calidad literaria. Me apresuro a desmentirlo. Soy, de todos nosotros, el "escritor" de mayor regularidad: siempre mal.




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miércoles, 17 de abril de 2013

HORTENSIAS

AL IGUAL que hay una música que oír en fechas determinadas, (recuerden: Parsifal para Viernes Santo;  la Tetralogía en agosto;  Don Giovanni para noviembre...) las plantas también tienen su calendario, los días donde lucen como no lo vuelven a hacer el resto del año.

Aquí en mi tierra, aparte de los clásicos almendros, cerezos, rosales y naranjos, existen otras plantas más discretas que también hay que mirar. A finales de enero los ejemplares de mimosas -que no acacias- nos regalan sus racimos de flores amarillas con su aroma característico. Le siguen las silenes, esas florecillas color fucsia que inundan los bancales. Después las glicinias con sus flores color lila. A continuación los cercis, los árboles del amor, con sus flores de color rosa, esos que rodean el colegio de Jesús y María.



Estos días toca mirar arrobados a las hortensias. Allá por el norte las hortensias medran con facilidad pero por mi tierra es un milagro cultivarlas. No les gusta el sol ni el calor. Tienes que plantarlas dando a norte, regarlas a diario y mojarles las hojas con agua para engañarlas y crean que es el rocío de Santander. En mi jardín tengo nueve ejemplares que cuido con un mimo propio de un abuelo. Aquí os las presento para compartir el gustazo de mirarlas...y a la espera de las buganvilias.





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viernes, 5 de abril de 2013

¿QUIÉN DIJO MIEDO?

DESPUÉS DE 38 años he vuelto a subir a un avión, exactamente a cuatro aviones. Valencia-Zurich; Zurich-Budapest; Budapest-Zurich; Zurich-Valencia. Un héroe.

Hace un año que por mi miedo a volar me quedé en tierra y me perdí un maravilloso viaje -ya pagado- a Praga. Lo mío con los aviones viene de lejos. He tenido tiempo para estudiar mi caso, 38 años, y estoy convencido que mi canguelo no es fruto de la claustrofobia, ni la acrofobia, ni ninguna otra fobia que yo haya estudiado. Mi miedo al transporte vía celeste lo relaciono con la sensación de impotencia que tendría ante una posible contrariedad más o menos seria. Mi vida en manos de un piloto que vaya usted a saber si no tiene en ese momento más miedo que yo y esperar a que acierte con el diagnóstico y el tratamiento. Con los barcos me ocurre algo parecido y por eso jamás he hecho un crucero ni lo haré.

El coche es otra cosa, lo manejo yo. Cierto que dependemos también de la pericia y la prudencia de otros conductores pero en cualquier caso ahí estoy yo para reducir, acelerar, derrapar ...
Con los trenes otro tanto, en caso de accidente tal vez pueda salir reptando por una ventanilla o incluso tirarme en marcha como en las películas del oeste. 

El caso es que  he comprendido que tenia que superar ese miedo a los pájaros de hierro una vez que ya somos dos los jubilados. El miedo sigue ahí y no me lo voy a quitar de encima cuando tenga una gira por países lejanos. Estudiaré aeronáutica y en caso de descenso acelerado iré junto al piloto y le daré las instrucciones precisas.





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jueves, 28 de marzo de 2013

PRIMAVERA EN EL THORNTON CLUB

YA SABEN que en determinadas fechas es costumbre oír determinadas composiciones musicales. La Tetralogía en agosto; Don Giovanni en noviembre; por Navidad oiremos El Mesías, el Oratorio de Navidad y Hansel y Gretel ...

Ahora toca escuchar las Pasiones de Bach y Parsifal. Este año le toca el turno a La Pasión según San Mateo de Klemperer; La Pasión según San Juan de Jochum y el Parsifal de Solti.
Una tarde de Viernes Santo apareció en mi casa de La Alberca una señora -que resultó ser alemana- en busca de unos vecinos. En cuanto se abrió la puerta y oyó lo que salía por los altavoces, la dama quedó paralizada y solo acertó a exclamar: ¡Parsifal! Quién le iba a decir a aquella teutona que iba a cumplir el rito de escuchar ese día el Festival Escénico Sacro... ¡en La Alberca!

En las fiestas de primavera rescato de sus lejas a Elgar. Me trae unos recuerdos muy gratos. Paseando con mi amigo Eduardo Melendreras por la Plaza de la Cruz y la Plaza de Belluga, oliendo a azahar y escuchando a las orquestas de jóvenes desparramadas por el centro de la ciudad: Nimrod; Sospiri; el larghetto de la Serenata en mi menor; el adagio-moderato del Concierto para chelo; el andante de la Sinfonía nº 1; Angel’s Farewell de El Sueño de Gerontius...

La perla que les traigo hoy es una pieza que compuso Elgar para pequeña orquesta, Chanson de matin Op.15 Nº.2. Sir Adrian Boult. EMI 1968. Esta canción de la mañana la he acompañado con imágenes del jardín del Thornton Club en primavera. Espero que les guste.








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lunes, 18 de marzo de 2013

SAN JOSÉ COS (R)

Allí estaba mi hogar, tal como fuera
cuando yo lo habité, y en él estaban
todos los seres que en la luz hermosa
de esta morada alguna vez vivieron.

ELOY SÁNCHEZ ROSILLO

  
LA FESTIVIDAD de San José me trae recuerdos de mi infancia que siguen vivos, claros, intactos, indestructibles. El 19 de marzo era el santo de mi padre y el día más señalado del año para nuestra familia.
Mis padres en un alarde de imaginación le pusieron a dos de sus hijos los nombres de José y  Mª José, así que la celebración era triple. Completaron la faena bautizando a otros dos hijos con el nombre de mi madre: Juana y Juan.



Empezábamos ese día acudiendo los once hermanos con nuestros padres a oír misa en la iglesia de  San Antolín y de allí a La Aduana a tomar chocolate con churros. Colocábamos cuatro o cinco mesas en fila y nos dábamos un festín que ni el de Babette.

Nos llovían los regalos: gallinas -vivas por supuesto- que más tarde la asistenta sacrificaba colocándoles sobre el cuello el palo de una escoba que sujetaba con sus pies y estirando de las patas hacia arriba les alargaba el pescuezo unos centímetros. Tocinos de cielo, tartas de merengue -tortadas decimos por aquí- y brazos de gitano. 




El timbre de la puerta no cesaba de sonar anunciando felicitaciones por escrito, incluida la del alcalde de la ciudad.  Estas tarjetas del alcalde las llegamos a utilizar los hermanos en más de una ocasión para escribir en ellas unas letras -supuestamente del edil-  autorizándonos a jugar al baloncesto en la pista municipal.

Ese día la mesa lucía resplandeciente vestida con la mantelería y la vajilla de lujo. La comida iba precedida de “los entremeses”, lo que le confería el grado de comida extraordinaria. Mis padres presidiendo la mesa, tan elegantes ellos, y rodeados de sus once hijos. Mis  yayos nos honraban con su asistencia y nuestro abuelo nos ofrecía un discurso, “improvisado”, glosando las generosas viandas y el buen ambiente familiar.



Pasan los años y el día de San José sigo regresando a aquella casa en la que transcurrió mi infancia y sueño... Nuevamente, / eran mis padres jóvenes. Jugaban / conmigo mis hermanos… 

jueves, 14 de marzo de 2013

LOEWE



Ajeno a modas, etiquetas y corrientes literarias. Piqueras es uno de los poetas más interesantes del panorama poético español
JESÚS BREGANTE


SI A ALGUIEN envidio en esta vida es a los poetas. El otro día me fui de vinos con mi amigo Mariano Feced y con mi amigo el poeta Ángel Paniagua. Le propuse a Ángel cambiarle toda mi destreza deportiva por uno de sus versos. No hubo trato. Le hablé de mi famoso revés tenístico, de mi prodigiosa muñeca para meter el balón dentro de una canasta desde 7 metros, de mi elegante swing golfístico. No hubo trato. El muy puñetero sabe de su don y de la envidia que despierta.

De poetas va esta entrada. Se han reunido en el Instituto Cervantes lo más granado de nuestros poetas: Brines, José María Álvarez, Luis A. de Villena, Cristina Peri Rossi...para entregar el premio Loewe de poesía al poeta valenciano Juan Vicente Piqueras, por su libro Atenas. La Fundación Loewe, mecenas de músicos y poetas, le ha largado 20.000 € a este profesor de literatura. No le vendrán nada mal.




Vergüenza me da reconocer que no había leído ni un solo verso de este poeta. Ha necesitado el trovador hacerse con un prestigioso premio para que yo lea versos tan bellos como estos:



Llevo siempre esta espada de juguete,
porque nunca se sabe,
y una pistola de agua, por si acaso.

Voy siempre preparado
no vaya a ser que, así, en cualquier momento,
siempre el menos pensado,
me asalte la niñez y me desarme,
me pida explicaciones, me someta
a su feroz nostalgia, a sus caprichos,
que no sería la primera vez.