domingo, 4 de agosto de 2013

WERT ME CONVIENE

CLARO QUE SÍ. Si Wert hubiese atrapado antes la cartera de Educación, mi hija -licenciada en Económicas- no estaría en paro. Ni algunos de mis sobrinos, ni tantos y tantos hijos de amigos. Esta manía de que estudie todo el mundo nos perjudica a unos cuantos.

Toda la vida, los hijos de un oftalmólogo han sido oftalmólogos. Así los he conocido yo aquí, en mi ciudad. Los de un afamado traumatólogo también han seguido arreglando huesos. Así los he conocido yo aquí, en mi ciudad. Y los de un profesor, pues a desasnar, como su padre. Así los he conocido yo aquí, en mi propia familia. Un notario o un juez solían dar la alternativa en la carrera judicial a sus cachorros. Las excepciones existían, pero eran eso, excepciones.

Llevamos unos años -demasiados- que esto ya no es así. Ahora es fácil encontrar a hijos de celadores convertidos en neurocirujanos e hijos de cirujanos en el paro. Se ha disparado el número de facultades y de estudiantes universitarios. Y ya lo que faltaba, más de la mitad son mujeres. Insoportable.

Cuando de crío acudía con mis hermanos al instituto, muchos de nuestros amigos del barrio repartían el pan, llevaban hielo a las casas, iban al mercado a ayudar en los puestos de verduras. Otros, trabajaban la huerta con sus padres... y eran felices sin acudir a estudiar. Qué necesidad había de alterar ese equilibrio de clases.

 Gracias a Wert, van a volver las cosas a su sitio: Los hijos de menestrales, menestrales -salvo excepciones-.Y los hijos de catedráticos, catedráticos, también salvo excepciones. Las familias con escasos recursos tendrán que elegir cuál de los hijos -varón, por supuesto- estudiará y aquellas que carezcan de recursos no tendrán ni siquiera que tomar esa grave decisión.

Siempre habrá algún hijo de obrero que será una lumbrera y vendrá a quitarle el puesto de trabajo a uno de los nuestros. Pero gracias al ministro Wert volverán a ser unos pocos.

Wert nosconviene... A algunos.